soy otrA

Fue eliminando todas las gotas de vapor que caían en la ventana
-con el dedo índice-
mientras caían les daba aliento.

Borró cada una de las fotos de su álbum de la infancia
-las borró con el recuerdo-
cuando reconstruía nuevas las escenas.

habló para atrás
-desdijo frases célebres-
y las volvió a decir letra a letra en silencio.

se miró la vagina
se metió en su adentro
salió húmeda, cargada de vida.

caminó pegada a la pared
rescatando su fuerza
y la atravesó.

llegó.
entregó suspiros
y cuando salió
era otra.

…en algún lugar

“gracias querido público.
en el día de hoy he recibido todos los aplausos,
las condecoraciones y alabanzas,
las expresiones de júbilo
y aclamación.

ooh!
gracias querido público
ahora soy alguien mejor…”

y en un pata fuf,
desapareció.

SoLa

Sola en la habitación
Confluye con todos sus ríos
En silencio
Abandonada
Abriendo la respiración
Cerrando la puerta.

Si alguien quisiera verla
Tendría que olvidarse del todo
De la puerta de entrada;
Tendría- si quisiera- que ponerse fragancia de rosas
Y una buena predisposición para soñar.

Ella sube y baja los escalones imaginarios
De su ser
Se detiene cuando ve alguna monstruosidad,
Limpia con la lengua
Las dudas de sí
Saca sus colmillos
Y pega saltos que adelantan y atrasan
(Según el tiempo)
El velo de su imagen.

Nadie más importa en su habitación
Ni la ventana de acero,
Ni la comisura del viento cuando se cuela entre las sábanas,
Ni la pila de colchones que saltan unos sobre otros
Como pidiendo a gritos diversión.

“La habitación es para ser habitada,
-Pensaba-
Por todos los extraños, conocidos,
Casuales y permanentes
Que juegan a ser mi
Y se meten en el espejo para confundirme”.

En trance,
Da lugar a los portales
Y los conjuros domésticos;
Observa a los cuervos con admiración
Y sensualmente,
Se adentra en el fuego incipiente de la vela,
Para terminar la noche encendida,
Sola en la habitación

PUnto aParte

Un punto en el medio de una línea
Se comportaba de manera inusual.

Lo observaron desde los ángulos convexos
Y encontraron pocas razones de la razón

Cambia su ritmo de inicio y descenlace,
-Anotaron-
Tiende a modificar su color;
Salta de la línea;
Ya no quiere serlo?;
Què tiene?
Por qué si?
Por qué no?

La línea, de todas las formas,
Seguía su camino recto…
(Encontraría seguramente otros tantos puntos
Que quisieran ser línea)

El punto es que después de unos tiempos
De extraños comportares
un punto encontró otra línea
De la cual ser parte
Y fue parte y punto
O punto y a-parte
Tantas veces más
Como líneas y puntos
Sean parte
Y se aparten

Otros Mundos

En un mundo inventado por ella
Las narices eran colmillos
Y los rizos espinas.

Es La creación de las creencias
Y su efecto de acción
Y reacción
Lo que cubre la neblina

Y el infundado terror
al engaño:
de que este mundo
No sea verdadero

Voces de Fiesta

En una fiesta de voces, las realidades se externalizan
Se consolidan como el viento en una hoja
Rebotan entre ellas dejando marcas o silbidos
Confirmando las luces o las dudas
Vidriosas, opacas.

Cuando se lanzan al embriague
Conviven sin saberlo en nudos de historias, roces y trastabilleos

Se asoman aunque estén calladas,
Dibujando en las paredes de lo incierto
Pero buscan entrarte, para hacer nido.

Cuando la fiesta se termina
Quedan resonando expentantes ante nuevas citas
Que existen en esas ondas de realidades de voces
Sobre voces
Sobre voces

Era Una

era una.
Sin dudas el pino se veía de la misma manera si el ojo se ubicaba en el sillón que daba a la misma ventana de la misma cocina de la misma casa.
Tal vez el cielo no era el mismo, pero lo parecía. Si hubiera sacado una foto de ese pino desde esa ventana 20 años atrás y una ahora exactamente, difícilmente alguien notaría la diferencia.
Ella no la notaba ese día tantos años después: el mismo pino.

Es una, pensó.
Era ella mirando el pino como solía hacerlo, recordando las otras ellas mirándolo. Si se sacara una foto ahora a ella misma, sí que notaría la diferencia.

Un rato después, se levantó del sillón y dibujó una espiral en el vidrio de esa ventana.
Y al pino
le guiñó el ojo…

Cuentos

De adentro hacia afuera era una pesadez increíble en la punta de donde empieza todo. Cuando estaba recostada, la nausea podía llegarle hasta marearla.
No valían más los razonamientos de siempre, sólo le quedaba el tener que vivirlo una vez más y en el mejor de los casos verlo con simpatía.

La ira no es de esas emociones bien vistas por los modismos de exportación, por eso después de las resistencias de siempre ella terminaba por rendirle culto al ritmo que marcaba la náusea. La náusea que funcionaba de sostén de todos sus acuerdos sociales y los pactos implícitos y forzados.

De manera oculta sabía de ese hermoso demonio con más brazos y de estómago ancho que tenía adentro; sabía y disfrutaba verlo asomarse por entre sus culpas y desniveles de autoestima.

Sentía sus ardientes deseos destructivos y su potencia de poder infinito; la hacía reír imaginarse a ella misma con esa cara de monstruo insaciable come todo, de pelos verdosos y espalda de arbustos. La cargaba de excitación saberse inmoral de una vez y con todo su cuerpo.

El proceso duraba siempre el tiempo que ella necesitaba para rendirse por completo. A veces el demonio dejaba sus aires de combate y se disponía a esperar en alguna pausa de respiración profunda. El ejemplo más claro de que tal construcción era mutable, surreal e inabarcable era cuando ella olvidaba todo el asunto distraída con alguna poesía del entorno –coincidente, por lo tanto- con esa pausa “des-demoniada”.

Pero otras veces el motivo del tiempo pertenecía al mundo de los temores, entonces la náusea crecía empujando hacia abajo a la bestia cada vez más bestia que se empecinaba en salir a los garrotazos.

En verdad nunca le había dado la libertad completa. Hubo una noche gloriosa, de desenfrenos varios y en medio de camicaces circunstanciales, en la que la ira había logrado su aparición máxima: despliegue parcial en la lengua y total en los dientes frontales. Fue un relámpago en medio de un campo de edificios que sirvió de atolladero para nuevos relámpagos, por lo que así como apareció desapareció para ocultarse bien abajo en el fondo del fondo del abajo por un montón de momentos más. Después y antes de aquella noche tormentosa todo quedaba en la náusea, en las pausas de respiración y en los triunfos de las resistencias y poesías contextuales.

Nadie diría que esa vez sería diferente, aunque las posibilidades hacen posibles los imposibles. Diferente en el sentido de la libertad en la forma convencional del entenderla: a modo de titular amarillista y en primera plana con el rostro de alguien deformado y el impacto invencible del público al congraciarse como víctima. ¡No en esa manera!

La manera que ella encontró o la encontró fue tan simple como imposible. Justo cuando estaba soltando una bocanada de aire tropical de su boca (se colaron serpientes cascabel y ramificaciones rojoazuladas de potentes venenos), le abrió el canal para que pase sin atropellos caminando a su tiempo y con un grato recibimiento como merece dicha fuerza interior.
Esta salió tan sorprendida como descolocada y cuanto más ella la aceptaba más se convertía en otra cosa. En tantas otras cosas. Entre tantas, en una pequeña de como cinco años muy simpática que le entregó en mano un expediente en donde figuraban una lista de pedidos, reclamos, denuncias y malos entendidos.

Viajera de pájaro negro
Tuya es la soledad a medianoche
Tuyos los animales sabios que pueblan tu sueño
En espera de la palabra antigua.
Tuyo ese amor
Y su sonido a viento roto

De aRena Los casTillos

Este es un mensaje para quienes sienten o han sentido caer sus castillitos de arena. No especialmente para quienes están en proceso de construcción de ellos, a esas personas les diría nada.
Así comenzó diciendo, parada arriba de una tablita de madera a metros considerables de la orilla del mar y dirigiendo con vehemencia su dedo índice al cielo.
Y siguió: – intentaré no caer en viejas retóricas o en metáforas conocidas en el desarrollo de mi discurso, pero sí me permitiré acudir a la imagen del castillito de arena dada la contundencia de los elementos que la componen.
La arena, una unidad total hecha de micro corpúsculos (más que hecha,discúlpenme, está su misma esencia compuesta de individualidades unidas en un todo); y los castillos: construcciones idealizadas que sirven de vivienda de ideas y romances platónicos, se figuran como un dúo muy respetado en el plano de las relaciones que explican el orden y el caos.

Ordenemos-, propuso. Dentro del caos que es la arena, ahí moldeándose azarosamente según los imprevistos climáticos o los humores marinos, el castillo se presenta como un orden específico y pautado de formas y límites claramente establecidos. La arena en forma de castillo deja de ser arena para ser un castillito o a lo sumo “un castillito de arena”.

Si aceptamos previamente la consigna del estado de caos de la arena (evitando poner el foco en su perfecto orden natural) entonces es cuando el castillo a través de su forma, supone un orden al caos.

Ese ordenamiento casual pero condicionado por acuerdos sociales que definen al castillo como castillo…,¡ y prepárense para lo que viene! -realizó una pequeña semisonrisa dibujando un oyuelito en su cachete izquierdo-, si…¡también está expuesto a imprevistos climáticos y altibajos de humores marinos!

Hizo una pausa larga. Acomodó con un delicado ademán su mechón de pelo ondulado detrás de la oreja. Por primera vez desde que había empezado a hablar, miró a su alrededor directo a los ojos imaginarios de su público. Respiró profundo y dejó de encontrarle sentido al estar parada en esa tablita. Se sentó en la arena y jugó con ella a hacerle desaparecer los pequeños dedos de los pies.
-la arena…tan chiquita, tan grande y tan moldeable, tan cambiante. ¿Cuántos castillitos puedo hacer en toda tu superficie? ¿cuántos ya se cayeron? Uno lo pisé yo misma porque no me gustó; otro se cayó por su propio peso y a los demas se los llevó el mar. O no se los llevó, los transformó de nuevo en arena sin dejar ni rastros.
Y para los hechos de cemento o los de roca se necesitaría un terremoto, o un tsunami, o un pie gigante como el de godzila. O muchos más climas insistentes durante mucho más tiempo.- se levantó de repente de un salto-
Pero caerán también!

Como cayó el sol y la noche iluminó la playa. La niña sin castillo, se recostó en la arena en su estado de caos y se sintió segura. Ella seguía ahí, igual que el mar, la arena y la calma.